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13/03/2026
EL PERIÓDICO. Las bajas en el sector de los cuidados crecen un 70% en seis años y comprometen la ayuda a domicilio

El envejecimiento, los déficits del sistema de salud y un aumento de las bajas laborales por salud mental son algunas de las razones que están provocando un incremento histórico de las incapacidades laborales en España. Una situación con repercusión en amplios sectores económicos, pero también en los servicios que no pueden ser atendidos por la tecnología o mediante el teletrabajo. Es el caso de la ayuda a domicilio, donde cada profesional es imprescindible y, en muchos casos, la piedra angular en los cuidados a dependientes, enfermos o personas mayores.

En este ámbito concreto, el de los cuidados, las bajas laborales han aumentado un 70% desde la pandemia, hace apenas seis años, -un incremento mayor que en otros sectores-, lo que unido a una acuciante falta de mano de obra, “está poniendo en riesgo la estabilidad de un servicio esencial”, según alerta Ignacio Gamboa, presidente de la Asociación Estatal de Entidades de Servicios de Atención a Domicilio ASADE. "El absentismo tensa la organización y la continuidad de atención a los pacientes", avisa.

Las patronales no atribuyen el aumento a incapacidades relacionadas con el trabajo en sí, sino a enfermedades comunes y a la mayor duración de los permisos
Las bajas en los cuidados se han incrementado por encima de otros sectores -algunos estudios cifran el crecimiento global de las incapacidades en torno al 50% desde 2020-; pero no por su relación con el trabajo en sí, dado que no han aumentado, por ejemplo, las lesiones musculares asociadas a la necesidad de trasladar a personas con movilidad reducida. Lo que han crecido, según la patronal, han sido los permisos por enfermedades comunes y también la duración de los mismos -hasta una tasa de ausencias de un 13% anual frente a un 8% antes de la pandemia-, como se ha detectado también en otros ámbitos económicos.

El problema está siendo analizado con lupa por empresas y sindicatos y por el Gobierno, que ha puesto en marcha un Observatorio de la Incapacidad Temporal con el fin de mejorar la salud y la recuperación de los trabajadores y promover una gestión más eficaz de la prestación en el sistema.

Una usuaria y su profesional de ayuda a domicilio. Foto archivo
Una usuaria y su profesional de ayuda a domicilio. / Cedidas Atende.

No obstante, el absentismo tiene más o menos repercusión, en función del sector y el tipo de trabajo. En la ayuda a domicilio, está teniendo un "impacto especialmente intenso", según denuncia ASADE, porque se trata de un servicio esencial, que no puede aplazarse ni hacerse a distancia. De ahí que cada baja obligue inmediatamente a reorganizar horarios, rutas y plantillas que ya están muy ajustadas, para que otro auxiliar pueda acudir a realizar la asistencia, lo que normalmente obliga a mover los horarios del conjunto de trabajadores y tiene impacto, tanto en ellos como en los usuarios.

"Prácticamente un día cada dos semanas hay un vacío, sin contar con las vacaciones, por lo que tenemos un número de cambios de horarios y profesionales muy habitual"
Ignacio Gamboa

— Presidente de ASADE

"Si la baja se prevé larga, intentamos realizar una contratación para sustituir al trabajador, pero si es de corta duración, lo habitual es la reorganización, lo que puede provocar que usuarios que tengan su ayuda a las ocho de la mañana, tengan que esperar, por ejemplo, hasta las diez a que les aseen y les den el desayuno. Y con un 13% de absentismo anual, estamos hablando de que prácticamente un día cada dos semanas hay un vacío, sin contar con las vacaciones, por lo que tenemos un número de cambios de horarios y profesionales muy habitual", explica Gamboa.

La rotación de personal y los cambios de rutina pueden provocar más ansiedad o deterioro en enfermos o usuarios con problemas cognitivos
El problema es que tanta rotación puede generar "incertidumbre e inseguridad" en personas mayores o dependientes, porque es un servicio que se presta en un ámbito íntimo, y que requiere de confianza entre la auxiliar -el 77% son mujeres- y el usuario y sus familias, confianza que necesita tiempo para lograrse. Y cuando aparece otro trabajador o se cambian los horarios a personas enfermas o con deterioro cognitivo, estos pueden sufrir "más deterioro, ansiedad o soledad".

"Aunque todos los profesionales están formados, no es lo mismo que te atienda alguien en quien confías, que conoce tus preferencias o tus dolencias, a otra persona. Es igual que cuando te atiende tu médico, con el que llevas 15 años, o un sustituto”, ejemplifica Gamboa.

Falta de personal
El problema se ve agravado por el déficit estructural de personal, dado que, aunque todo el mundo comprende la necesidad del servicio, dedicarse a cuidar, cocinar o limpiar en casas de mayores o dependientes no goza de gran prestigio profesional. Además, los sueldos no son altos y las condiciones son complicadas, puesto que hay que ir de domicilio a domicilio, sin contar con un equipo con el que repartirse las tareas o desahogarse en momentos difíciles. Porque atender a personas enfermas, muchas veces en los últimos años de su vida o con deterioros cognitivos, tiene un fuerte impacto psicológico. "Te llevas el trabajo a casa, no paras de darle vueltas", comentan las trabajadoras.

Una profesional de ayuda a domicilio y una usuaria del  servicio. Foto archivo
Una profesional de ayuda a domicilio y una usuaria del servicio. Foto archivo / Cedidas Atende

Para poder afrontar el impacto psicológico, todas las profesionales que trabajan en el sector público reciben una formación específica. Pero obtener el certificado en atención sociosanitaria a domicilio, un curso que dura entre cuatro y seis meses, a tiempo completo, también se convierte en una barrera porque que no se puede compatibilizar con otro empleo y muchas personas prefieren trabajar en la hostelería, los grandes almacenes o incluso el sector de la limpieza, donde no se requiere de un parón para formarse.

La patronal avisa de que en el conjunto del sistema de dependencia hacen faltan 160.000 profesionales y en el futuro harán falta muchas más, dado el envejecimiento de la población
Además, una vez realizado el curso de formación, muchas profesionales optan por trabajar en un centro de día o en una residencia, donde hay un equipo y más estabilidad en los horarios, por lo que la rotación anual de profesionales es del 25% (de cada 100, al cabo del año se marchan 25).

Todo ello está provocando ya dificultades para atender todas las prestaciones concedidas, especialmente en las zonas rurales. Ante ello, la patronal del sector de los cuidados, la Federación Empresarial de la Dependencia (FED) ha dado la voz de alarma, advirtiendo de que en el conjunto del sistema hacen faltan 160.000 profesionales (contando centros de día, residencias y ayuda a domicilio) y en el futuro harán falta muchas más, dado el envejecimiento de la población.

Brecha entre el contrato público y el coste real
El problema se ve acentuado, según ASADE, por la ley que impide actualizar los contratos públicos al avance de la inflación, "lo que hace que no se puedan adecuar a los crecientes costes laborales, como las subidas del salario mínimo o la necesidad de cubrir las bajas, cuando sólo este último problema provoca en las empresas pérdidas de entorno a 150 millones de euros anuales”. Por tanto, existe una brecha entre el precio del contrato y el coste real del servicio, que dificulta también que el sector pueda ofertar sueldos más altos y competir así con otros ámbitos.

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"El resultado es una presión financiera creciente sobre un sector con márgenes ajustados, donde el absentismo añade un 8,5% de sobrecoste. Es una combinación que compromete la sostenibilidad del servicio y la estabilidad del sistema de cuidados", concluye Gamboa.


https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20260313/bajas-laborales-cuidado-personas-mayores-discapacidad-atencion-domicilio-riesgo-sistema-127793118